domingo, 10 de abril de 2016

#CarpeDiem

La muerte es una mierda. 
Con perdón o sin él. Es una mierda. Y no tengo más palabras para definirla. No me pondría ahora mismo a filosofar sobre el significado de la vida ni sobre la muerte en sí. Solo diré eso. Porque es lo que es: una mierda.
¿Argumentos? ¿Justificación? ¿Eso es lo que queréis?
La muerte es una mierda porque te obliga a vivir con miedo. Aunque a veces pareces olvidarlo, ¡no!, el miedo sigue allí: se esconde tras todos tus problemas terrenales y tras todos esos momentos de felicidad, lucha, sudor y placer. El miedo acaba precipitando en lo más hondo de tu subconsciente, esperando el momento oportuno, el vacío existencial adecuado por el que asomarse.
La muerte es una mierda porque te hace pensar en la vida y no en vivir la vida, simplemente. Te hace reflexionar sobre cada paso que das e imaginar las consecuencias. Te hace vacilar. Te obliga a pensar en ella porque... ¿y si me muero mañana? ¿Cómo sabré cómo acabará Juego de Tronos? ¿Y si me leo los libros...? Pero ¡uffff!, dicen que es un auténtico rollo, muchas descripciones, mucho esfuerzo mental... nah, me espero y  lo que es mejor: veo la serie que por cierto, ¿y si me muero en este mismo instante?
La muerte es una mierda porque cuando encuentras el equilibrio vida-muerte (#CarpeDiem y apuntarte al voluntariado de la Cruz Roja por si de verdad existe un superdios allá arriba... no sé, por las moscas... hay que ayudar al prójimo, porque soy humano, oye...) te hace la peor jugada: te da esperanza, ilusión, sueños, planes de futuro. Pero tú todavía no sabes cuándo es/será tu hora pero aún así: ¡optimismo, síiiiii! pero.
Pero la muerte es una mierda y no quiero alargar este post— no porque crea que la idea se os ha quedado lo suficientemente clara, sino que estoy harta de pensar... voy a seguir viendo la serie en la que estaba inmersa.



PD: #CarpeDiem y ¡ah, sí! En unas semanas me llamarán para el voluntariado, inchallah(*)

(*)N.T. Si Dios quiere.

2 comentarios:

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